El mensaje de una Fed dividida confunde a los inversionistas


fed2Con la expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos mantenga en cerca de cero las tasas de interés durante la reunión que concluye el miércoles, el encuentro programado para mediados de diciembre será la última oportunidad para que el banco central eleve los intereses de corto plazo este año.

El cronograma presenta dos desafíos para la presidenta de la Fed, Janet Yellen: uno tiene que ver sobre la decisión acerca de las tasas de interés y el otro con comunicar las intenciones de la entidad sin generar confusión en los mercados.

La debilidad de la economía obligó a aplazar un alza de tasas prevista para septiembre y numerosos inversionistas criticaron las señales contradictorias enviadas por la Fed antes y después de la decisión, una dinámica que, al menos en parte, es responsabilidad de la propia Yellen.

Ahora, la atención gira en torno a si el organismo elevará las tasas antes de que termine el año y hay presión para que Yellen y otras autoridades de la Fed comuniquen mejor sus previsiones sobre la economía estadounidense y las tasas de interés.

No es una tarea fácil, como lo ilustra un reciente intercambio: “En realidad, no entiendo lo que no está claro en estos momentos”, aseveró William Dudley, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, al participar en un panel este mes.

“¿Estás bromeando?” reaccionó John Taylor, economista de la Universidad de Stanford. “Nadie sabe lo que están haciendo”.

Esto es más que una simple discusión entre economistas.

Las palabras del banco central pueden provocar violentas oscilaciones, en ambas direcciones, en los precios del dólar y las acciones que pueden afectar la competitividad de las economías latinoamericanas.

Incluso los asesores más cercanos de Yellen han expresado opiniones discrepantes.

Los gobernadores de la Fed, en Washington, quieren esperar más tiempo antes de elevar las tasas y se contraponen a los presidentes de los bancos regionales de la Reserva Federal, deseosos de empezar a aumentarlas lo antes posible. “Me cuesta entender qué este tipo de discusiones tenga lugar afuera del edificio”, dice Alan Blinder, ex vicepresidente de la Fed y profesor de Economía de la Universidad de Princeton.

La incertidumbre de la Fed es contagiosa. Un sondeo realizado por The Wall Street Journal este mes entre economistas privados mostró que 64% opina que el banco central empezará a subir su tasa de referencia en diciembre. Los mercados de futuros, no obstante, asignan una probabilidad de 39% a que ello ocurra.

Un motivo que explica la confusión no es responsabilidad del banco central: la economía ha contradicho sus previsiones.

Ante el sostenido descenso del desempleo, Yellen y la mayoría de sus colegas en el seno del banco central empezaron el año pensando que la economía sería lo suficientemente robusta para soportar un aumento de los intereses. No querían sorprender al mercado y comenzaron a advertir sobre un posible incremento. En marzo y junio, apenas dos miembros del Comité de Operaciones de Mercados Abiertos del banco central no proyectaron un alza de las tasas durante este año.

La inflación, sin embargo, no ha repuntado como anticipaba la Fed y la desaceleración de la economía china agravó la incertidumbre. Las proyecciones de un alza de tasas en 2015 nunca fueron diseñadas como un compromiso, pero fueron interpretadas de esa forma por numerosos inversionistas y comentaristas. Mientras la probabilidad de un incremento disminuía, el banco central parecía irse por las ramas.

La Fed ha reiterado que elevará las tasas cuando observe nuevos avances en materia de empleo y adquiera una “confianza razonable” de que la inflación repuntará y se acercará a la meta de 2% en 12 meses, después de estar por debajo de ella durante más de tres años. Pero la forma en que el organismo evalúa el progreso del mercado laboral y la confianza sobre la dirección de los precios al consumidor genera divisiones.

El furor sobre las señales contradictorias del banco central ha crecido conforme la decisión acerca de subir o dejar intactas las tasas de interés se ha vuelto más compleja.

La responsabilidad de manejar los diversos puntos de vista recae sobre los hombros de Yellen, quien es la encargada de forjar consenso al interior de la entidad. El intercambio de opiniones fue el estilo que impuso su predecesor, Ben Bernanke, y que ella ha tratado de mantener y perfeccionar.

Las divisiones arrancan de su círculo más cercano compuesto por Stanley Fischer, vicepresidente de la Fed, y William Dudley, presidente de la Fed de Nueva York.

Yellen y Fischer, un ex profesor de Economía del Instituto de Tecnología de Massachusetts y ex presidente del banco central de Israel, almuerzan juntos todas las semanas en el comedor del último piso del Martin Building en la sede de la Fed, en Washington, según fuentes que los conocen. En medio de bandejas de plástico, Diet Coke y café analizan los pormenores de la economía y trazan estrategias.

Dudley a menudo participa en conferencias telefónicas con Yellen, Fischer y otros altos funcionarios del banco central, según fuentes cercanas. También toma parte en las teleconferencias que Yellen realiza como parte de su preparación para sus ruedas de prensa trimestrales. Fischer y otros economistas también participan y planifican respuestas.

Fischer es de los que quiere subir las tasas, pero Dudley es más renuente. Sus discrepancias salieron a flote hace algunas semanas.

En agosto, la Fed estaba preocupada por el fortalecimiento del dólar, la caída de las bolsas y el alza de las tasas de la deuda de empresas y otras clases de crédito.

El martes 25 de agosto, los mercados sintieron el impacto de la desaceleración de China. El Promedio Industrial Dow Jones cayó 204,9 puntos y acumuló un descenso de 10% en seis jornadas, la mayor corrección ese ese lapso de tiempo desde la crisis financiera.

Yellen, que estaba en su domicilio en Berkeley, California, se comunicó por teléfono varias veces con Dudley y Fischer y, a veces, con los dos en teleconferencia, indican fuentes cercanas.

El miércoles 26 de agosto, Dudley habló con la prensa y expresó un punto de vista que compartía con Yellen y Fischer. “Es importante no sobrerreaccionar a los acontecimientos de corto plazo porque no está claro si se trata de un ajuste temporal o algo más persistente que tendrá repercusiones en el crecimiento y la inflación de Estados Unidos”, observó. Luego, ofreció su opinión. Un aumento de las tasas en la reunión prevista para septiembre “me parece menos atractivo que hace algunas semanas”, sentenció.

Dos días después, Fischer pareció contradecir en una entrevista en un canal de cable las declaraciones de Dudley. “No me parece el momento de decidir ahora mismo si las razones son más o menos atractivas”, aseveró.

Dudley le restó importancia posteriormente al cruce de opiniones en una entrevista con The Wall Street Journal que “en general estamos en la misma sintonía”.

Yellen tiene la misión de aunar las voluntades de tres grupos diferentes al interior de la Fed.

Uno de ellos, que incluye a varios presidentes de los bancos regionales, está listo para subir las tasas. Otro, en el que participan Yellen y su círculo de confianza, está dispuesto a elevar los intereses siempre y cuando el empleo mejore y la economía se expanda a un ritmo saludable.

El tercero abarca a presidentes y gobernadores de bancos regionales y quiere ver signos concretos de un alza de la inflación o de los salarios antes de subir las tasas. Esta facción ayuda a Yellen a forjar un consenso en torno a su postura de centro y sirve de contrapeso al grupo que quiere elevar los intereses ahora.

Una clave sobre los próximos pasos de la Fed es si en las semanas siguientes las cifras no confirman las proyecciones del banco central de un sólido crecimiento de la economía y el empleo, y no apuntan a una acumulación paulatina de la inflación, Yellen y sus colegas no subirán mucho las tasas de interés, si es que las suben.

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