La inversión extranjera entra en un compás de espera en España


bandera_españaLa inmobiliaria Merlin Properties SOCIMI S.A. experimentó una desaceleración significativa de su actividad a finales del año pasado, justo antes de las elecciones generales en España, a medida que algunas empresas posponían sus decisiones de alquilar oficinas, probablemente a la espera del resultado de los comicios más disputados en el país de los últimos años.

Era la época en la que los inversionistas foráneos y nacionales asistían con expectación a la rápida ascensión de Podemos, bandera de la antiausteridad. Aún con el recuerdo fresco del triunfo en las elecciones griegas de su partido hermano Syriza, la incertidumbre dejó su huella: la menor afluencia de fondos extranjeros, por ejemplo, provocó una caída de la inversión en el sector del capital riesgo español del 20% en 2015.

En medio de laboriosos pactos políticos en un Parlamento más fragmentado que nunca, la constatación de que la gobernabilidad en España será casi una entelequia ha aumentado esa inquietud en las mesas de los comités de inversión de los fondos extranjeros, que ven en el aire la continuidad de las reformas implementadas en los últimos años. Sin embargo, esas dudas incipientes que empezaron a notarse a finales del año pasado no son suficientes para que inicien un éxodo generalizado hacia otros países en busca de mejores oportunidades. Por ahora.

“En estos momentos, no podemos hablar de una paralización de la inversión exterior como consecuencia del escenario político”, comenta Maite Díez, socia del área de fusiones y adquisiciones del despacho de abogados Baker & McKenzie. “Se siguen negociando y cerrando operaciones, aunque estamos observando plazos más largos de ejecución y mayores cautelas, con exigencia de garantías adicionales por parte de los inversionistas e incluso reducción del precio de compra”.

Fundamentalmente, se trata de transacciones de tamaño mediano, de entre 10 millones de euros y 100 millones de euros, de empresas familiares que compran otras con potencial de crecimiento, así como integraciones de compañías o desinversiones por parte del capital riesgo, aunque también se está negociando alguna operación de mayor envergadura, como la posible fusión de Gamesa Corporación Tecnológica SA con la división de energía eólica de la alemana Siemens AG .

David Brush, director de inversiones de Merlin Properties, cuyos edificios en España están alquilados a firmas como Panasonic Corp. , Procter & Gamble Co. o L’Oreal SA, anticipa, no obstante, que la actividad inmobiliaria podría frenarse en la primera mitad del año. “La disposición de las grandes compañías a ser agresivas e invertir para incrementar su actividad indudablemente se va a ver afectada si la incertidumbre política continúa”, prevé. No obstante, cree que la tendencia a largo plazo del negocio seguirá su curso una vez que los recelos se disipen.

Además, el descenso de la actividad de las sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria, o socimis, para digerir el elevado volumen de compras realizado en los dos últimos años también supondrá un freno en las operaciones, según las estimaciones de la consultora Irea.

Pese a todo, el interés está ahí. Como apunta Íñigo Sánchez-Asiaín, socio de la gestora de fondos Portobello Capital, España es un país “potente” al que la crisis le ha hecho más competitivo. “Me consta que fondos paneuropeos o multinacionales de primer nivel que han invertido el año pasado en España siguen activos mirando inversiones en la actualidad”, asegura.

El año pasado fue prolífico en compras de empresas españolas por parte de fondos extranjeros. Como muestras de este apetito inversor, Cerberus Capital Management LP se hizo con la firma de energías renovables Renovalia, Apax Partners entró en el capital del portal inmobiliario Idealista, y Carlyle Group LP adquirió el grupo de alimentación Palacios.

La semana pasada, KKR & Co. LP cerró la compra de un 80% del promotor de plantas solares X-ELIO y, dentro de ese sector, la tecnología punta de Abengoa SA es una joya muy codiciada en el exterior. La empresa de ingeniería y renovables sevillana está abocada a vender parte de sus activos para sanear su delicada situación financiera y entre ellos destaca la planta fotovoltaica de Atacama, en Chile, el mayor complejo solar de América Latina.

¿Oportunidad en la incertidumbre?

Para algunos, la atractiva oferta de activos y el bloqueo político forman la mezcla idónea para atraer dinero extranjero hacia España.

“Justamente porque España está cuestionada, es el momento de la inversión, dadas las expectativas de que los precios pueden moderarse algo”, afirma Christian Hoedl, socio del bufete de abogados Uría Menéndez, que asegura que las operaciones en las que participa no se han detenido por la falta de visibilidad del nuevo gobierno. “Cuando hay una lógica de inversión, la incertidumbre política no la va a parar como único factor”, indica.

Además, la probable dificultad de sacar legislación adelante ante el fraccionamiento del Congreso y, en consecuencia, la perspectiva de una legislatura potencialmente corta no se ve como un efecto desestabilizador para la inversión. “Cualquier gobierno nuevo que se forme no va a tener tanta capacidad como para cambiar radicalmente el país, incluso si Podemos está dentro de él”, señala Sánchez-Asiaín, de Portobello Capital.

Sin embargo, algunos creen que este escenario no es el mejor para las grandes operaciones, que requieren mucha claridad en cuanto a estabilidad política y seguridad jurídica. “A los fondos extranjeros les preocupa que haya contrarreformas, como por ejemplo de la reforma laboral”, advierte Rafael Roldán, socio director del área de transacciones de Ernst & Young.

Por ello, para que se materialicen transacciones de calado será necesario que la percepción del nuevo gobierno mitigue cualquier temor del inversor foráneo, “más condicionado por el riesgo país y con posibilidad de mirar a otras geografías”, aclara Carlos Lavilla, socio de Corpfin Capital.

En la actualidad, hay importantes operaciones en ciernes de empresas del IBEX-35 congeladas por grandes fondos que esperan a que el panorama político se aclare, según fuentes cercanas a estas transacciones. Son ampliaciones de capital o emisiones de bonos por valor de 1.500 millones de euros de la gran banca española o de empresas inmobiliarias. “Están hechas, para dar al botón”, señala una de ellas. “Si hay un gobierno nuevo que sea medianamente estable, vamos a tener una primavera con una entrada de capital frenética”, adelanta.

Mientras se deshace la madeja política, la inversión extranjera podría aguantar hasta al menos el segundo trimestre del año, ya que la economía española goza de inercia después de haber crecido un 3,2% en 2015, según Ángel Laborda, director de coyuntura y estadística de Funcas. El problema serio llegará si la situación de ingobernabilidad en España se prolonga más allá y la confianza de las compañías se resiente. “Si se para la creación de empleo, se para todo. Los empresarios frenarían muchos proyectos de inversión”, pronostica.

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