Datos recientes sugieren que las tasas negativas no están funcionando como se esperaba


tasas negativasEn junio de 2014, el Banco Central Europeo recortó las tasas de interés por debajo de cero. Su propósito fue animar a gente como Heike Hofmann, una vendedora de frutas y verduras en esta pequeña ciudad de Renania del Norte-Westfalia, a gastar más.

Sin embargo, cuando Hofmann escuchó la noticia, pensó que era “una locura”. Rápidamente redujo sus gastos y compró oro. “Ahora necesito ahorrar más que antes para tener suficiente para retirarme”, dice Hofmann, de 54 años.

Las autoridades monetarias de Europa y Japón han recurrido a las tasas negativas para estimular sus debilitadas economías, pero en lugar de abrir las billeteras, muchos consumidores y empresas están guardando su dinero.

Recientes datos muestran que los consumidores en Alemania y Japón están ahorrando más. En Dinamarca, Suiza y Suecia, tres países que no pertenecen a la zona euro y que tienen tasas negativas, los ahorros están en su punto más alto desde 1995, año en que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos empezó a reunir estos datos. En Europa, Medio Oriente, África y Japón también las empresas se aferran al efectivo.

Los economistas destacan una variedad de factores que podrían estar frustrando la política de los bancos centrales: una baja inflación, que les da a los consumidores más dinero para ahorrar; una población más envejecida, que naturalmente tiende a ahorrar más; y la falla de los propios bancos centrales en explicar adecuadamente sus acciones.

No obstante, hay además una creciente sospecha de que parte del problema reside en la política misma. Algunos economistas y banqueros sostienen que una tasa negativa transmite a la gente miedo sobre las perspectivas de crecimiento y la capacidad del banco central para gestionar ese cuadro.

“Las personas sólo toman prestado y gastan más cuando tienen confianza en el futuro”, dice Andrew Sheets, director de estrategia de múltiples activos de Morgan Stanley. “Pero al pasar a ser negativa, a un territorio desconocido, la política en realidad socava la confianza”.

Esta política de tasas negativas fue una gran apuesta de los bancos centrales para enfrentar la lenta recuperación económica que siguió a la crisis financiera de fines de la pasada década. El éxito o fracaso de esta política tiene enormes implicaciones para la economía mundial. Japón y Europa están comprando grandes volúmenes de bonos para estimular sus economías y sus bancos centrales se han quedado con pocos recursos para encarar otras estrategias alternativas.

La próxima medida de la Reserva Federal de Estados Unidos será probablemente aumentar las tasas, pero su presidenta, Janet Yellen, ha dicho que el banco central podría recurrir a las tasas negativas para afrontar futuras crisis.

El Banco de Inglaterra, tomado por sorpresa por la decisión del Reino Unido de separarse de la Unión Europea, redujo la semana pasada la tasa de interés al nivel más bajo en sus 322 años de historia, pero dijo que era reacio a imponer tasas negativas. Su gobernador, Mark Carney, dijo que “no es un fan” de una política que tiene consecuencias negativas para los ahorristas y el sistema financiero. Los bancos europeos dicen que su rentabilidad se ha visto muy afectada por las tasas bajas.

Algunos bancos centrales dicen que es demasiado pronto para juzgar el efecto de las tasas negativas. “El efecto no se verá todo de una vez sino que se clarificará gradualmente”, dijo el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, en una conferencia de prensa en junio.

Al deprimir la rentabilidad de los ahorros y de activos seguros como bonos del gobierno de EE.UU., las bajas tasas de interés deberían teóricamente alentar a los consumidores y a las empresas a gastar más. Este gasto debería a su vez crear una mayor demanda de bienes, hacer subir la inflación e impulsar el crecimiento económico.

Las tasas negativas significan que los grandes bancos comerciales tienen que pagar para depositar su dinero en los bancos centrales, lo que los alienta a prestarlo. Para el individuo o la mayoría de los clientes corporativos, el efecto de esta política es una reducción de las tasas de interés que reciben por sus depósitos.

Las tasas negativas no sólo están dirigidas a estimular el gasto. Europa y Japón necesitan monedas más débiles para ayudar a impulsar las exportaciones y aumentar la inflación, por lo que las tasas negativas pueden ayudar a lograr este objetivo.

No obstante, algunos economistas creen que las tasas negativas pueden tener un efecto psicológico no deseado. “La señal para el consumidor es que algo anda mal, que es una medida de crisis”, dice Carl Hammer, estratega jefe de divisas del banco sueco SEB.

Lasse Bohman, un vendedor de diarios de 63 años de Estocolmo, dice que el concepto de tasas de interés negativas es “raro” y que le hace querer ahorrar más en lugar de gastar. “Simplemente voy a seguir poniendo dinero en el banco”, asegura, o “debajo del colchón en casa”.

En Alemania, la mayor economía de Europa y un país conocido por la frugalidad de sus habitantes, el ahorro como porcentaje de los ingresos disponibles de los hogares se elevó el año pasado a 9,7%, según datos preliminares de la OCDE. Esta es la tasa más alta desde 2010. La OCDE espera que la tasa de ahorro se eleve este año a 10,4%.

En el resto de la zona euro, donde el ahorro no está tan arraigado como en Alemania, la tasa de ahorro ha crecido menos desde que se implementaron las tasas de interés negativas en 2014. La OCDE pronostica que la tasa de ahorro de los hogares también se incrementará este año en Japón, que introdujo las tasas negativas en febrero.

En EE.UU. y el Reino Unido, las tasas de interés siguen siendo positivas, pero en el primer trimestre del año las tasas de crecimiento anualizadas fueron más bajas que las de la zona euro o Japón, y las tasas de ahorro se han mantenido estables o tienden a la baja.

Las tasas negativas también han afectado los pagos de pensiones, dando a los ahorristas de más edad otra razón para acumular efectivo.

En la búsqueda de un ingreso fiable, los fondos de pensiones y los jubilados suelen invertir en bonos públicos, pero los rendimientos de estos bonos nunca han sido tan bajos como ahora. De acuerdo con Bank of America Merrill Lynch, actualmente existen unos US$12 billones en bonos con rendimientos negativos, comparados con casi cero hace dos años.

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