A la deuda corporativa de los mercados emergentes le convendría una pausa de la Fed


debt-and-ball-in-spanishHe aquí una razón adicional para que la Reserva Federal de Estados Unidos no apresure su decisión de elevar las tasas de interés: los países de mercados emergentes ya tienen un empinado cronograma de pago de deuda, y restringir sus opciones de refinanciación barata sólo ejercería una mayor presión sobre ellos.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) advirtió la semana pasada que la euforia de deuda corporativa que empezó en los mercados emergentes en 2010 está comenzando a vencer. Según estimaciones del banco, entre 2016 y 2018 los pagos totalizarán US$340.000 millones, o 40% más que los vencimientos registrados en los últimos tres años.

“El alto nivel de deuda corporativa ha contribuido al recalentamiento de algunas de estas economías, lo que a su vez aumenta el riesgo de agitación financiera en los próximos años”, dijo el BIS en una nota de investigación presentada ante el G-20, el club donde están representadas las economías más grandes del mundo.

De acuerdo con distintos indicadores económicos, Brasil, China y Turquía son los países más vulnerables a una crisis bancaria debido a que tienen un monto significativo de deuda privada y enfrentan altos costos de intereses, lo cual ya ha activado las alarmas entre algunos inversionistas. Los flujos monetarios del extranjero exacerban los ciclos de crédito de estos países, porque los bancos locales suelen aumentar los costos de los préstamos cuando el crédito internacional se agota.

De todas formas, si las tasas de interés siguen siendo bajas, esa deuda parece fácil de refinanciar.

Los bajos rendimientos en las economías avanzados han llevado a que los inversionistas internacionales abandonen esas economías por las de los países en desarrollo, excepto China. Cifras del banco británico Barclays sugieren que el endeudamiento en dólares para empresas de mercados emergentes es el más barato desde mayo de 2013. En moneda local, es el más barato al menos desde 2008.

Pero esos deudores deberían tener cuidado: solo en enero de este año, los rendimientos de la deuda en dólares para mercados emergentes alcanzaron un máximo de cinco años. Todo se debió a que la Fed había elevado las tasas el mes anterior y parecía muy dispuesta a seguir haciéndolo. Lo mismo podría volver a ocurrir si el banco central estadounidense indica que está listo para reanudar el ciclo de ajuste monetario—los inversionistas asignan una probabilidad de 47% a que las tasas subirán en diciembre, según cifras de CME Group —, pero con un calendario de refinanciación mucho más estricto.

De toda la deuda no bancaria, casi 46% está ahora en dólares, frente a 38% en 2008, y un tercio pertenece a los mercados emergentes, según datos del BIS. Los valores denominados en dólares exponen a los deudores a un mayor riesgo si la moneda estadounidense sube. Para los emisores, la deuda en moneda local es usualmente más segura, pero también más cara y —esto es clave— menos atractiva para los compradores internacionales.

Las empresas de mercados emergentes también dependen ahora menos de los bonos —a menudo emitidos por filiales en el extranjero y por lo tanto no contabilizados en las estadísticas de balanza de pagos— que de los préstamos bancarios, que han sido más escasos desde la crisis financiera.

Cabe aclarar que hay indicios de que los países emergentes han aprendido algunas lecciones del pasado. Los propios gobiernos tienen menos deuda en dólares y han acumulado grandes reservas de divisas. También, buena parte de la deuda en dólares es emitida por empresas que obtienen sus ingresos en la moneda estadounidense, lo que reduce el riesgo de discrepancias.

Pero aunque los mercados emergentes parecen más preparados para lidiar con las grandes crisis, las señales de problemas en los mercados globales parecen cada vez más relacionadas con la fortaleza del dólar. Esto sugiere que el crecimiento económico en estos países aún está ligado a la liquidez global que se origina en los países desarrollados.

“Cuando una divisa internacional se deprecia, hay una tendencia de los extranjeros a pedir prestado más en esa moneda”, advirtió en un discurso en junio Hyun Song Shin, jefe de investigación en el BIS. “De igual manera, cuando el dólar se aprecia, los bancos prestan menos, o incluso restringen directamente los créditos en dólares. En este sentido, el valor del dólar es un barómetros de la toma de riesgo y las condiciones de crédito global”.

Los funcionarios de EE.UU. parecen ser cada vez más conscientes de esto. Muchos analistas atribuyen la decisión de la Fed de no elevar las tasas durante el primer semestre de 2016 no a su preocupación por la economía estadounidense sino por las “condiciones globales”. De hecho, la gran cantidad de líneas de intercambio de divisas con otros bancos centrales es un claro recordatorio de que la Fed ha asumido su responsabilidad por su lugar en la cima de la pirámide monetaria internacional.

Incluso si EE.UU. estuviera listo para un alza de tasas, una pregunta clave para los funcionarios del banco central del país norteamericano es, ¿está listo el mundo?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Noticias y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s