Trump hereda una economía con buena salud, pero múltiples retos


trump1El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hereda una economía que se encuentra mucho más sólida que en las últimas dos tomas de posesión, pero enfrenta interrogantes importantes sobre cómo aumentar la productividad y cumplir sus promesas de crecimiento.

Trump quiere alcanzar una expansión de 4% para una economía que no ha logrado superar el umbral del 3% durante más de una década. Desde un inicio, enfrenta muchos de los mismos desafíos que aquejaron a gobiernos anteriores, como el envejecimiento de la fuerza laboral, así como la fortaleza del dólar, que podría socavar sus planes de impulsar el sector manufacturero estadounidense al encarecer las exportaciones.

La recuperación desde la recesión de 2007-2009 ha sido inusualmente lenta, aunque también se trata de la cuarta más prolongada de la historia de EE.UU., según los registros disponibles, y las recientes cifras indican un alza de los ingresos de los hogares. El ingreso promedio de las familias aumentó 5,2% en 2015 en términos reales, con lo cual quedó 2,4% por debajo del récord alcanzado en 1999, según la Oficina del Censo. La tasa de desempleo ha caído a 4,7%, un mínimo de nueve años.

“Si uno mira a lo largo de un espectro amplio —gastos de capital, confianza empresarial, confianza de los consumidores, construcción de viviendas, formación de hogares, ingresos salariales, el alza de los salarios, la caída del desempleo, el aumento de las ventas de autos, el aumento de las ventas minoristas, parece que la economía se fortalece, no se debilita”, dijo la semana pasada James Dimon, presidente ejecutivo de J.P. Morgan Chase & Co.

De todos modos, hay preocupaciones más amplias sobre la falta de oportunidades para grandes porciones del país, en particular quienes no cuentan con un título universitario y viven en zonas más rurales. La tasa de propiedad de viviendas en EE.UU. se encuentra cerca de un mínimo de 50 años y la deuda promedio para los estudiantes universitarios está en alza.

Dos de los múltiples interrogantes que afrontan los mercados es a qué extremos llegará Trump para implementar las amenazas que lanzó durante y después de la campaña para imponer un arancel a las empresas si venden más bienes importados en EE.UU. y cómo podrían responder otros países.

“Los mercados se han dado por vencidos respecto a una agenda de libre comercio”, señala Greg Valliere, estratega jefe global en Horizon Investments.

Los volúmenes de comercio mundial son los más bajos desde la crisis financiera de 2008 y los conflictos internacionales continúan planteando un riesgo para el crecimiento estadounidense. En China, el crédito barato persigue menos oportunidades de inversión y las autoridades han tomado medidas para combatir la fuga de capitales, todo esto al tiempo que defienden un yuan que se debilita.

Las deudas incobrables del sistema bancario europeo, en particular en Italia, siguen en niveles elevados, lo que representa otro riesgo en caso de que esas economías pierdan vigor. En México, por su parte, el nerviosismo por las posibles políticas de Trump ha derrumbado el peso a mínimos históricos, lo que amenaza con revertir los avances económicos logrados durante las últimas dos décadas.

El plan económico de Trump combina su agresiva postura en el ámbito comercial con promesas de aliviar las regulaciones y los impuestos. No obstante, nunca ha sido fácil lograr que el Congreso apruebe una legislación compleja para recortar los impuestos.

Los legisladores ya tienen problemas para concebir un nuevo sistema de seguro de salud sin elevar el déficit fiscal o quitarles a millones de personas la cobertura que obtuvieron a través de la reforma que hizo Obama. En cuanto a los impuestos, Trump ha expresado su disconformidad con un pilar del plan de impuestos corporativos de la bancada republicana de la Cámara de Representantes —un ajuste fronterizo que gravaría las importaciones y eximiría las exportaciones—, el cual fue presentado por los legisladores como una alternativa a sus propuestos aranceles de importación.

Los republicanos también han discrepado en los últimos años sobre si tolerar un mayor gasto militar o controlar el déficit. Trump ha indicado su deseo de aumentar el gasto, con más fondos no sólo para defensa sino también para infraestructura, cuidado de salud de los veteranos de las fuerzas armadas y seguridad fronteriza.

Los ataques públicos de Trump contra el empresariado para que mantenga empleos en EE.UU. es otro posible punto de conflicto. Los instintos pronegocios del nuevo presidente chocan con los economistas de libre mercado que han luchado para limitar la intervención estatal en la industria.

Desde su elección, Trump ha usado su cuenta de Twitter para lanzar dardos contra empresas específicas, criticar sus decisiones de inversión y atribuirse el mérito por sus anuncios de contrataciones. Las automotrices y otras compañías industriales han sido sus blancos predilectos.

Ford Motor Co., por ejemplo, anunció el 3 de enero que canceló sus planes de construir una planta de US$1.600 millones en México después de recibir críticas de Trump. General Motors Co., Toyota Motor Corp. y Fiat Chrysler Automobiles NV han señalado que planean aumentar su inversión en EE.UU., si bien los ejecutivos han dicho que las medidas no se deben a las presiones del magnate de bienes raíces.

Trump ha dicho que las críticas en su cuenta de Twitter han sido una forma efectiva de comunicar su mensaje a otros presidentes ejecutivos. “Estoy estableciendo las pautas para cientos de empresas”, manifestó en una entrevista con The Wall Street Journal la semana pasada.

Algunos economistas dicen que tal intervención podría verse como una táctica política astuta pero que podría quitarle eficiencia a los mercados. “Esperaríamos tal comportamiento de un dictador de una república bananera, no del presidente electo de la democracia más longeva del mundo”, afirma Luigi Zingales, profesor de finanzas de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago.

Los planes de Trump para la Reserva Federal marcan otra área de incertidumbre. Durante la campaña, criticó duramente al banco central por mantener bajas las tasas de interés al tiempo que advertía sobre una burbuja bursátil. Los mercados prevén un mayor crecimiento económico, lo que podría llevar a la Fed, que en los últimos ocho años ha realizado apenas dos alzas, a elevar las tasas de interés como mínimo dos veces este año.

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