Los bancos centrales asumen riesgos en busca de mejores rendimientos


bank-buildingAl mantener las tasas de interés bajas y, en ciertos casos, negativas, los bancos centrales de algunas economías desarrolladas han hecho que algunos de los inversionistas más conservadores del mundo salgan a la caza de mayores retornos: otros bancos centrales.

Los institutos emisores de Suiza, Sudáfrica y otros países están invirtiendo un porcentaje mayor de sus crecientes reservas en moneda extranjera en acciones, bonos de empresas y otros activos más riesgosos. Al apartarse de la práctica tradicional de invertir principalmente en activos considerados muy seguros, como los bonos del Tesoro estadounidense, estas instituciones están asumiendo mayores riesgos.

No obstante, en un momento en que el crecimiento de la economía global, las tasas de interés y los posibles retornos de numerosos activos son bajos, numerosos bancos centrales concentran sus energías en maximizar sus retornos de inversión. “Cuando los rendimientos comenzaron a bajar y acercarse a cero en 2014, decidimos empezar a invertir en renta variable”, explica Jarno Ilves, director de inversiones del Banco de Finlandia, quien agrega que la entidad contempla aumentar su inversión en acciones.

Un reciente informe de Invesco Co. sobre las inversiones de los bancos centrales basado en encuestas a 18 gestores de reservas en Europa, Medio Oriente y África en 2016, halló que 80% planea incrementar su cartera de acciones, mientras que 43% contempla hacer lo mismo en bonos de empresas. Los magros retornos de los bonos motivaron la decisión de diversificar sus portafolios, dijeron 12 de 15 entrevistados, mientras que tres no respondieron la pregunta.

El giro acarrea importantes repercusiones para los mercados y la economía global, dicen los analistas. Muchos bancos centrales contratan gestores externos para administrar los activos no tradicionales en sus portafolios, lo que presenta una oportunidad para un sector financiero cuyos ingresos se desaceleran.

Al mismo tiempo, los esfuerzos para invertir las reservas internacionales de una manera más amplia implican que más mercados estarán sujetos a lo que algunos críticos han denominado distorsión del banco central conforme compradores de gran envergadura y que no son tan sensibles a los precios corren el riesgo de hacer subir las cotizaciones y reducir los posibles retornos para el resto del mercado.

Inversionistas, analistas y autoridades han debatido por largo tiempo el impacto de las compras de los bancos centrales y los gestores de reservas de China, Japón y algunos países exportadores de petróleo en el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU., que mueve US$13 billones. Otros han centrado su atención en el impacto potencial del corretaje de valores en mercados más pequeños, como los de dólares de Australia y Nueva Zelanda, donde los bancos centrales se han estado expandiendo, según los inversionistas.

Algunos mercados simplemente no son “lo suficientemente profundos para acomodar inversiones de tal envergadura”, dice Martin Keil, director de mercados de crecimiento de Allianz Global Investors.

Las reservas globales de divisas se han disparado en los últimos 15 años, lo que refleja en parte las lecciones de crisis anteriores de los mercados emergentes cuando algunos países se vieron obligados a realizar dolorosas devaluaciones. Contar con mayores reservas a disposición también aumenta la presión para que los bancos centrales diversifiquen sus portafolios.

Las crecientes reservas del Banco de la Reserva de Sudáfrica, por ejemplo, lo llevó a cambiar “de ser un gestor de liquidez a concentrarse en manejar inversiones”, reconoce el vicegobernador del organismo, Daniel Mminele.

Las reservas globales en moneda extranjera totalizaron US$11 billones en el tercer trimestre de 2016, según el Fondo Monetario Internacional, un alza frente a los US$1,4 billones de fin de 1995.

La compra de divisas extranjeras no debe ser confundida con los programas de flexibilización cuantitativa que han permitido a bancos centrales como la Reserva Federal de EE.UU. inyectar miles de millones de dólares en la compra de activos con el fin de estimular la economía y subir la inflación. Recientemente, las políticas de relajación cuantitativa del Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón también han involucrado la compra de activos más riesgosos, pero en moneda local.

A estos bancos centrales de las economías desarrolladas no les interesa tanto la rentabilidad de estas inversiones, aunque puede tener repercusiones políticas, puesto que siempre pueden imprimir más de su moneda. Eso significa que el riesgo es un tema menos importante, según los analistas.

Los bancos centrales de los países en desarrollo, en cambio, que cuentan con las mayores reservas en moneda extranjera, tienden a imprimir dinero para comprar activos foráneos. De esta forma, ahorran para una emergencia en el futuro a expensas de abaratar su divisa en el presente.

Algunos bancos centrales de economías desarrolladas, fundamentalmente el Banco Nacional Suizo, a menudo acumulan reservas en moneda extranjera porque quieren impedir una apreciación excesiva de su divisa, lo que perjudicaría a los exportadores y debilitaría los precios.

Más adelante, si la moneda local se derrumba, los bancos centrales puedan usar tales reservas para volver a comprarla, ayudar a los importadores o proveer liquidez a los deudores.

No obstante, la cantidad de reservas es limitada porque los bancos centrales no pueden imprimir monedas de otros países, de manera que resulta esencial mantenerla estable y de fácil acceso. Cuando el rendimiento de un activo en el cual ha invertido el banco central se vuelve negativo, mantener tal estabilidad se complica.

Bank of America Merrill Lynch estima que alrededor de una cuarta parte de los activos de renta fija globales, apenas por debajo de US$11 billones, rindieron menos de cero al cierre de 2016.

Los bancos centrales a menudo dejan la administración de nuevas inversiones en manos de gestores externos. “Vemos un mayor apetito de los bancos centrales por estrategias más riesgosas”, dice Jean-Jacques Barberis, quien administra fondos de bancos centrales en Amundi, el mayor gestor de activos de Europa.

Algunos bancos centrales también están asumiendo la tarea de administrar sus inversiones. El Banco Nacional Suizo inauguró en 2013 una sucursal en Singapur para gestionar sus activos en Asia-Pacífico. Fue una necesidad puesto que la entidad maneja reservas en moneda extranjera del orden de los 645.000 millones de francos suizos (unos US$643.000 millones), un monto que creció a medida que el banco central trató de reducir el valor de su moneda en una campaña para combatir la deflación y ayudar a los exportadores.

En 2009, apenas 7% de las reservas estaban invertidas en acciones. La cifra actual es de 20% e incluye US$1.700 millones en acciones de Apple Inc., US$1.080 millones en títulos de Exxon Mobil Corp. y US$1.200 millones en Microsoft Corp., según documentos enviados a la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU.

Los mayores retornos, sin embargo, acarrean mayores riesgos. El Banco Nacional Suizo registró una pérdida de 23.300 millones de francos suizos en 2015, cuando decidió dejar de mantener un tope sobre el valor de la divisa. El valor de sus activos extranjeros cayó cuando el franco suizo se apreció hasta 22% frente al euro. Tales pérdidas fueron compensadas por una ganancia de 24.000 millones de francos suizos el año pasado.

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