TECHO DE DEUDA Y PRESUPUESTO EN EL PUNTO DE MIRA


Los tuits del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, suelen servir de oráculo para predecir el futuro de la primera potencia mundial. Es por ello que cuando el republicano hizo uso de la red social a comienzos de mayo para reiterar la necesidad del país de sufrir “un buen cierre” de las principales agencias gubernamentales el próximo septiembre, un escalofrío se dejó sentir en el Capitolio. También en Wall Street, donde los inversores cada vez esconden menos su escepticismo sobre el estancamiento de la agenda económica del mandatario.

Trump no dudó la semana pasada en romper con la comunidad internacional, gran parte de los empresarios de su país e incluso con miembros de su círculo más cercano, como su hija Ivanka al anunciar que EEUU se retirará del acuerdo climático de París. Un hecho que ejemplifica cómo el inquilino de la Casa Blanca no tiene reparos en tomar decisiones polémicas con repercusiones considerables pese a las críticas y presiones de directivos como Elon Musk, consejero delegado de Tesla, Bob Iger, de Walt Disney, o Lloyd Blankfein, su homólogo en Goldman Sachs por nombrar algunos.

Es por ello que con sus planes estancados, recordemos que su propuesta de salud no avanza en el Senado y la reforma fiscal no es más que anecdótica entre los miembros del Congreso; un presupuesto ideológico de 4,1 billones de dólares que propone recortes de 3,8 billones de dólares haciendo ímpetu en programas sociales; y un presidente impredecible, los últimos coletazos del verano y los primeros soplos del otoño se prometen complicados.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, urgía el pasado 24 de mayo a los legisladores elevar el límite de endeudamiento del país, que volvió a restaurarse el pasado 16 de marzo después de haberse cancelado en noviembre de 2015, lo antes posible. Según los cálculos iniciales, EEUU lograría mantener su financiación gracias a medidas extraordinarias sin alcanzar el techo de los 19,8 billones hasta el otoño. Sin embargo, una recaudación de impuestos más baja de lo previsto, podría adelantar dicha fecha.

Poner en duda la sacrosanta fiabilidad de que la mayor potencia mundial cumplirá con sus acreedores no sólo se dejaría sentir en los mercados financieros globales, como ya vimos en el verano de 2011, sino que además podría forzar al gobierno a cesar parte de sus operaciones. En esta ocasión, incrementar el comúnmente conocido como techo de la deuda coincide con la necesidad de pasar el presupuesto fiscal para el año fiscal 2018, cuyo arranque comienza el próximo 1 de octubre, en un momento en que los demócratas y parte de los republicanos han mostrado su rechazo al plan presupuestario de Trump.

Con una mayoría simple en el Senado, los republicanos necesitarán 60 votos para aprobar el presupuesto, de ahí que se espera que los senadores de la oposición utilicen las negociaciones para avanzar en su agenda, especialmente en materia de salud. Eso sí, apoyarían la petición de Mnuchin de incrementar el límite de endeudamiento sin condiciones partidistas.

De donde llegan presiones para ligar este hecho a objetivos políticos es de la propia Casa Blanca. Su director de presupuesto, Mick Mulvaney, quien en una entrevista la semana pasada incidió en que le “gustaría ver cómo algunas reformas de gasto” se adhieren a la negociación de elevar el techo de la deuda. Paralelamente, el Caucus de la Libertad, el grupo rebelde de legisladores republicanos conservadores, apoyan la posición de Mulvaney mientras que los líderes del partido en la Cámara de Representantes, liderados por Paul Ryan, todavía no han definido su estrategia.

Chris Edwards, director de estudios de política fiscal del Instituto Cato, considera que independientemente de la postura de la administración Trump, el requisito de contar con 60 votos en el Senado, donde los republicanos cuentan con 52 escaños, determinará el resultado. “Sólo si los líderes republicanos consiguen esquivar a los más conservadores en la Cámara de Representantes y en el Senado, contarían con el apoyo de los demócratas para un incremento limpio del límite de endeudamiento”, vaticina Edwards.

Dicho esto, Trump ya ha presionado a los senadores de su partido hace unas semanas para que activen la conocida como “opción nuclear”, que permite cambiar las reglas de la Cámara Alta y aprobar un proyecto de ley con una mayoría simple. Según el presidente esto permitiría agilizar su propuesta de salud y su reforma fiscal. Sin embargo este tipo de estratagemas políticas podrían pasar factura a los republicanos de cara a las elecciones legislativas del próximo año.

De momento, y a la espera de cómo vayan desarrollándose las negociaciones en los próximos meses, militar en la administración de Donald Trump se ha convertido en un campo de minas, donde las distintas guerrillas que rodean al presidente buscan salir victoriosos y avanzar con sus respectivas agendas, el propio mandatario incluido.

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