GUERRA ENTRE VIEJA Y NUEVA ECONOMÍA


En la guerra abierta que vivimos globalmente en este país, – y en medio mundo-, entre la vieja y la nueva economía, en este definitivo momento de cambio de era que vivimos, hemos tenido acontecimientos importantes esta pasada semana. Ya saben quienes me leen asiduamente que estoy convencido de que atravesamos un momento clave de cambio de era, -al que ya pondrán los historiadores nombre en su momento-, pero que viene caracterizado hoy por hoy, por la disponibilidad de una serie de nuevas tecnologías, que nos van a permitir vivir en un mundo más sano, más limpio, más civilizado y más inclusivo económicamente para todos.

Ese cambio es imparable, y resistirse al mismo inútil. Pero por supuesto, y como ha ocurrido siempre en otros momentos de cambio similar, los intereses económicos de la vieja economía, dan sus últimos coletazos, y se resisten con todas sus fuerzas. Nada nuevo. Lean la historia.

Pues bien como decía al principio la semana pasada me parece histórica porque se han producido dos acontecimientos ciertamente relevantes para el avance o no avance de esos dos tipos de economías. Por un lado la Casa Blanca de Trump, -el gran baluarte de la vieja economía mundial actual-, ha decidido salirse del acuerdo con Iran y volver a poner en vigor las sanciones a ese país, con lo que económicamente eso supone para el precio del petróleo. Una decisión que han aplaudido juntos Rusia, Arabia Saudita y las petroleras tejanas. Un tanto importante servido por Trump a los intereses de la vieja economía. Nada muy sorprendente.

Pero esta misma semana también, California, el estado más rico del país, ha decidido por ley, que a partir de 2020 todas las nuevas construcciones de menos de tres pisos de altura, tendrán que disponer obligatoriamente de paneles solares para abastecerse de energía. La medida, según la propia comisión que la ha tomado, encarecerá las hipotecas de las nuevas casas en unos 10.000 dólares, algo que se trasladara en 40 dólares de factura más mensuales para los repagos de las mismas. Pero al mismo tiempo esos ciudadanos ahorraran 80 dólares al mes en gastos de energía. Y bueno, obviamente en Estado de California limpiara su aire considerablemente y dependerá menos de los combustibles fósiles. Se me acaba el espacio que tengo para esta columna. Pero ya ven el punto. Un país, este, Estados Unidos, y dos propósitos ciertamente distintos de como se quiere que sea el futuro. Ustedes forman parte de la decisión también

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