Europa: víctima colateral del pulso entre EEUU y China


Con el resonar de los tambores de una guerra arancelaria entre Estados Unidos y China atormentando a los mercados y economías de todo el mundo, la Unión Europea amenaza con convertirse en la víctima colateral del azote iniciado por el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump. Mientras Washington carga el cañón con su amenaza gravar productos del gigante asiático por valor de casi medio billón de dólares, Pekín toma posiciones para responder con la misma intensidad todas y cada unas de las amenazas del republicano.

Un pulso regido por la Ley del Talión, donde los aliados tradicionales de EEUU también se han visto salpicados por los reveses en forma de gravamen que la Casa Blanca ha impuesto a la importaciones de acero y aluminio procedente de la UE, Canadá o México, por mencionar algunos. Una decisión que el Despacho Oval blinda alegando motivos de seguridad nacional y que sus socios comerciales han plantado cara con represalias similares atacando productos clave del “Made in the USA”.

Sin embargo, el ojo por ojo y diente por diente ha ofrecido a la administración Trump la excusa perfecta en su intento por destartalar la cadenas de valor globales, que ahora centra sus iras comerciales en la industria automotriz. “Las tensiones comerciales mundiales siguen siendo el principal riesgo para Europa tanto a nivel mundial como regional, la pregunta ahora es cuán grande será el impacto económico”, advierte Paul Watters, supervisión de las condiciones de crédito regional de S&P Global Ratings.

No es para menos. La economía europea, que respondió a los aranceles del 25% y el 10% sobre su acero y aluminio impuestos el pasado 1 de junio tasando productos estadounidenses por un valor aproximado de 2.800 millones de euros, ahora espera con aplomo si Trump, usando de nuevo la excusa de la seguridad nacional, acabará por gravar las importaciones de vehículos europeos entre un 20% y un 25%.

Una decisión que hundiría el dedo en la llaga europea, especialmente alemana, dado que el sector de vehículos y piezas de la UE exportó productos a EEUU el año pasado por valor de 53.563 millones de euros. Alemania llevó al país norteamericano materias con un coste de 30.435 millones, seguida de Reino Unido con 9.098 millones. España, por su parte, exportó productos por valor de 1.134 millones de euros.

“Un arancel del 25% podría conducir a una disminución máxima en la demanda estadounidenses de coches europeos del 22.5% o alrededor de 260.000 unidades”, calcula Christian Schulz, economista de Citi. “Esto reduciría los ingresos de exportación de automóviles de la UE en 9.000 millones de euros, es decir el 0,5% de las exportaciones totales o el 0,1% del PIB de la UE”, aclara.

Otras estimaciones, como las que baraja Bank of America Merrill Lynch, estima que un gravamen a los coches europeos podría reducir el PIB de la zona del euro en al menos un 0,3%, excluyendo cualquier daño colateral sobre la confianza de los inversores, el gasto empresarial y los cambios en otros mercados.

Aún así, Schulz recalca que “una guerra comercial entre EEUU y China corre el riesgo de tener un mayor impacto en el crecimiento europeo que una confrontación directa entre Bruselas y Washington”. De esta forma, aunque la UE esquivase más aranceles directos por parte de Trump, las cadenas de suministro globales de las que dependen las compañías europeas podrían verse afectadas si la Casa Blanca y Pekín endurecen sus posiciones.

Es importante tener en cuenta que las exportaciones de bienes y servicios representan el 27% del PIB de la zona del euro, en comparación con el 12% en EEUU y el 21% en China, según los datos del Banco Central Europeo.

Aunque este porcentaje incluye también el comercio entre miembros de la UE, debemos destacar como Alemania es el socio europeo con la mayor participación comercial fuera del Viejo Continente, contribuyendo con sus exportaciones a otros países no europeos al 28,3% de las exportaciones de bienes totales de UE fuera del grupo. Le siguen Reino Unido (10,9%), Italia (10,6%) y Francia (10,4%). En el caso de nuestro país, el porcentaje el año pasado fue del 5,1%.

Es por ello que si China y EEUU aumentan sus tensiones arancelarias, cualquier efecto en sus economías se dejará sentir en Europa, ya que ambos países son clave para exportaciones europeas. “Incluso antes de que Trump comenzara con sus escaramuzas comerciales, China ha sido un factor clave para la desaceleración de Europa este año”, avisa.

El año pasado las exportaciones de la UE a EEUU alcanzaron los 375.500 millones de euros, con Alemania liderando el grupo, con un total de 112.320 millones de euros. Le siguen Reino Unido (52.023 millones de euros); Italia (40.496 millones de euros); Francia (34.254 millones de euros); e Irlanda (32.849 millones de euros). España se sitúa en octava posición por detrás de Países Bajos y Bélgica, con 12.455 millones de euros.

“El impacto de una guerra comercial se dejará sentir mucho más allá de las dos economías más grandes del mundo”, incide Luca Paolini, estratega jefe de Pictet Asset Management, quien apunta a Irlanda como una de las economías europeas “más vulnerables”. Sus cálculos dan en el clavo, ya que las exportaciones irlandesas a EEUU suponen el 55,7% del total de sus exportaciones fuera de miembros de la UE. En comparación, en el caso español, este porcentaje es del 13%, según datos de Eurostat.

Paralelamente, entre 2007 y 2017, las exportaciones de bienes europeos a China, casi se ha triplicado, hasta casi rozar los 200.000 millones de euros. Esta estrecha relación no debería sorprender: el gigante asiático representó el 6,7% de las exportaciones alemanas de bienes en 2017 (2,7% del PIB), no mucho menos que las estadounidenses (8,7% de las exportaciones de bienes). Y teniendo en cuenta el incremento de las relaciones comerciales de la última década, podría de decirse que China es incluso más importante que EEUU en lo que respecta al crecimiento de las exportaciones.

A día de hoy, la economía alemana está mucho más expuesta al comercio chino que cualquier otra economía europea. Los Países Bajos y Bélgica ocupan el segundo y tercer puesto, con el 1,9% y el 1,7% de su PIB exportado a la segunda mayor economía del mundo en 2017. La media de la UE es del 1,3% y otras grandes economías europeas como Francia, el Reino Unido e Italia (todos 0,8%) o España (0.5%) están muy por debajo de la media. Sin embargo, además de estas exposiciones, que siguen siendo significativas, no debemos pasar por alto que las grandes compañías industriales de Alemania actúan como una “ventana” para la fabricación europea en China.

A través de las cadenas de suministro paneuropeas, las actividades alemanas en China, así como sus exportaciones al país o la inversión nacional generada por el negocio chino, afectan indirectamente al resto de Europa. Prueba de ello es que los datos del PMI manufacturero han caído en línea a los alemanes, por ejemplo en Austria, Hungría, España, República Checa y aún más en Italia.

“China enfrenta riesgos a la baja, principalmente por tensiones comerciales con EEUU”, reconoce el economista de Citi, que apunta como esto juega en detrimento y también a favor de la UE. Schulz pone de manifiesto que las autoridades chinas han adoptado ya algunas medidas para apoyar el crecimiento y podrían ir más allá en la segunda mitad del año. “Las empresas europeas podrían beneficiarse desproporcionadamente de este estímulo mientras sus rivales estadounidenses sufren las consecuencias de las represalias comerciales chinas a EEUU”, aclara.

 

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