NETFLIX: ESTRELLA DE LA DÉCADA


La ultima década ha sido espectacular en los mercados estadounidenses. El índice S&P 500 ha subido un 185%, el más largo periodo histórico de crecimiento de los mercados, y también de la economía del país.

Entre las acciones ganadoras más exitosas de esa década están desde luego las tecnológicas, y en concreto todas, o casi todas las que tienen que ver con el desarrollo de la “nube”. Pero la estrella rutilante de crecimiento en su valor es Netflix, un 3726%. Han leído bien, cuatro cifras.

Netflix ha sido la empresa que ha aprovechado y rentabilizado mejor a nivel global, la facilidad tecnológica de poder disponer de una distribución video vía internet, que desde el momento que comienza la comercialización de aparatos de televisión que incorporan ese servicio, es decir que se hacen lo que muy afectadamente hemos llamado “Smart”, (“inteligentes”), uniéndose a los teléfonos y las tabletas, (igualmente inteligentes, vamos con conexión a internet), estaba ahí pidiendo ser utilizada.

A esa facilidad se añadió enseguida la revolución tecnológica de la nube, vamos de no necesitar cargar los aparatos propios con pesados archivos, sino dejarlos en un limbo tecnológico, disponible para todos. Y ahí es cuando el “streaming”, ciertamente se hace “carne de cañón”, y Netflix tiene la visión de convertirse en fuente de entretenimiento global, sin necesidad de pertenecer a las grandes distribuidoras de Hollywood, ni de tener cadenas de salas de cine en cada país. Ahora se podía llegar a cualquier lugar del mundo solo gracias a la tecnología del internet incorporado a teléfonos, tabletas, y sobre todo, muy importante aparatos convencionales de televisión, con los que muy tempranamente Netflix hizo acuerdos, para que en su mando a distancia, tuviesen un botón Netflix, que facilitase al usuario la forma de conectarse con su servicio de streaming.

Obviamente el reto unido a esa facilidad que le daba la tecnología, era si distribuir y ofrecer solo la producción de películas y materiales video disponibles en el mercado, o si lanzarse a la producción propia. Y al llegar a este punto de decisión empresarial, hay que quitarse el sombrero, porque Netflix, -insisto-, muy tempranamente, vio que la posibilidad tecnológica de llegar a tantos públicos y tan distintos, abría también una alternativa de negocio y creatividad cinematográfica excelente.

Las productoras convencionales de Hollywood en los últimos tiempos, buscando la rentabilidad de sus productos están enfocadas en grandes superproducciones, que buscan éxitos masivos, y prácticamente han abandonado otro tipo de géneros. Como mucho algunas productoras, -especializadas en ese objetivo-, producen cada año un punado de películas para los Oscar y alguna que otra “rareza”. Pero hablando en términos generales, puede decirse que casi no hay sitio, o cada vez menos, para películas minoritarias. Algo que Netflix vio como su gran oportunidad.

Si eres global, hacer una película como “Marriage Story”, -que es la que he visto yo este fin de semana en mi casa-, dirigida por Noah Baumbach, y con espectaculares interpretaciones de Adam Driver y Scarlett Johansson, es posible, porque, aunque nunca será masiva, tienes el suficiente publico interesado en verla país por país, como para hacerla rentable. Los gustos de las minorías, pueden ser mantenidos, gracias a las economías de escala que proporciona la distribución global.

Y de ahí para adelante, porque Netflix también muy rápidamente, vio que era importante globalizar y descentralizar la producción, haciendo producciones en distintos países e idiomas. Una apuesta no exenta de riesgos y que será difícil de gestionar, pero valiente y que ciertamente esta dándoles buen resultado hasta ahora.

Los críticos de Netflix, y los analistas, que creen que reventara tarde o temprano, por esta ambición de producción y costes disparados, llevan equivocándose toda esta década, y justo este viernes escuchaba a uno de ellos anticipando en CNBC, que, aunque el se viene equivocando, en 2020 anticipa la gran hecatombe para Netflix y su acción, y como argumentación decía que su expansión internacional es un despropósito. “¿Qué hace en Gabon?”, dijo en un momento de su conversación con el conductor del programa. Pues bien, ese es el punto precisamente que en Gabon hay gente que puede disfrutar con “Marriage Story”, igual que aquí. No será mucha, pero la economía de escala se hace vía distribución global. Se me ha terminado el espacio de esta crónica, pero yo creo en Netflix, y veo todavía mucho recorrido por delante. Enhorabuena para ellos por el record de esta década y para todos ustedes que son tan amables de leerme cada semana, Feliz 2020!!!!.

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